Gracias al hechizo de la luna y a las heladas lluvias de enero las
golondrinas volaron de sus nidos.
El amor alimentó al amor, convirtiéndolo en una gran bola
de fuego.
La jauría de personas y mastines agitaron las campanas
de una iglesia bajo sombras de la noche.
Mi razón era un grito que apagaba tu silencio.
domingo, 12 de abril de 2009
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