Noche de bodas, noche buena, noche vieja, noche de brujas, nunca lo supo. No.
No supo vivir en frases brillantes. Defender lo querido. Escuchar. Hablar. Mirar.
Ni siquiera supo explicar su existencia. ¿Acaso tu lo sabes?
Todo bien, pero, ¿quién besa a quién?; si el amor es ciego, porqué tiene alas.
Nunca lo supo. Ya era demasiado tarde, cuando la flecha lo había alcanzado,
Su corazón ya no buscaba. Sepultado bajo la sombra de un ciprés, el eco del latido repetía:
No a todo lo que se llame no, para siempre y por siempre no.
Ciertas flechas que dispara cupido, llevan el veneno del amor,
por capricho o azar, viajan en el éter, ironías del destino.
domingo, 5 de abril de 2009
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